Madrid.- Guionista y
escritor, Hernán Migoya presentó su original
novela a todo color ‘Observamos cómo cae
Octavio’.
El primer libro de ficción de Hernán Migoya
,‘Todas Putas’ (editorial El Cobre), provocó un
gran revuelo y un fuerte debate sobre los
límites de libertad de creación. El autor fue
linchado por multitud de medios, llegándose a
debatir la posible prohibición en una sesión de
las Cortes Generales. Todavía recuerda la
polémica: “preferí no dar la cara, no
aparecer porque me parecía una estupidez de
escándalo”. El escritor no quiso denunciar
ni justificar la posición “vergonzosa”,
de sus censores y críticos porque “me
avergonzaba a mí mismo”.
Escritor de numerosas series de cómic, Migoya
también trasladó la vida e historia de la
stripper Chiqui Martí en un libro titulado ‘Piel
de ángel’ (mr ediciones). El autor nacido en
Ponferrada advirtió que aunque muchos pensarán
que ‘Observamos cómo cae Octavio’ es
diametralmente opuesta a ‘Todas putas’, ambas
tienen que ver.
“Está narrada desde el punto de vista de
tres niños”, comenta el autor, “para mi
era un gran reto, un reto bonito el meterme en
la piel de un niño de cuatro años”, el más
pequeño de los protagonistas . El punto clave
del texto se encuentra en “la mirada de los
niños”, está narrada desde el punto de
vista de tres. En este proceso, señala el
escritor ,“no ha intervenido la mecánica ni
el automatismo del pensamiento consciente, es
una novela a la que he dado vueltas durante dos
años”.
Migoya se considera “anti Rousseau”,
explica que siempre le ha obsesionado el tema de
que el hombre es bueno por naturaleza, “una
gran mentira, una frase que ha hecho mucho daño
a la humanidad”, y aclara: “al hombre
le gustaría ser bueno por naturaleza”.
Para Migoya las personas buenas por naturaleza
escasean, son buenas porque realizan “un
gran esfuerzo de voluntad” o “por mera
estupidez”, ante todo se identifica con las
primeras.
La lucha del bien y el mal es un tema “bastante
pueril”, puntualiza, y es motivo de
distracción según el escritor, de una variable
de fondo que suele obviarse y que realmente le
interesa “el miedo”. “Lo que define
al ser humano: su bondad, su maldad, su
cobardía, valentía…, es el factor miedo; mucha
gente se casa por miedo, toma decisiones por
miedo”, concluye el autor, quien siente un
gran interés por cómo el miedo “afecta en
términos de comportamiento, de hipocresía y de
personalidad”.
Todos estos pensamientos y reflexiones
aparacen en ‘Observamos cómo cae Octavio’, “me
interesaba investigar porque después de ‘Todas
putas’ no aparecí en los medios”. En
definitiva, la pregunta que se hace Migoya y que
conduce a los tres protagonistas de su novela
es saber: ¿qué le hizo ser como son?
Nos comentó su obsesión por entender sus tics
de personalidad y de comportamiento “quería
saber si son biológicos o si se contraen con las
vivencias”. En tono irónico el escritor
afirmó que la clave de su libro era llegar a la
a la conclusión de “¿en qué momento la
cagué?”, rebuscar en su infancia para
conocer el momento exacto de su infancia que
definió lo que haría durante el resto de su
vida. A partir de esa pregunta “lo generalicé,
¿en que momento de la infancia nos definimos
como luego seremos?”
El libro editado por Martínez Roca es un
trabajo al que Migoya llevaba tiempo dándole
vueltas, “hacía mucho tiempo que quería
escirbirlo pero no me atreví porque meterme en
la voz de niños me asustaba muchísimo”, y
nos aclara el motivo: “si las voces de los
niños narradores no son creíbles, no tiene
ningún sentido. Es básicamente un cuento contado
por niños para adultos”.
Uno de los elementos que dan un rasgo de
particularidad al libro es la introducción del
color para diferenciar las voces narrativas. El
autor de ‘Observamos cómo cae Octavio’ comentó
su malestar con la “sensación de repetición”
que existe en la literatura y en el estilo de la
mayoría de escritores, la utilización y uso de
las convenciones le parece “caduco, casi
decimonónico, la gente está pidiendo algo nuevo
a gritos ”.
Con la utilización de los colores Hernán
Migoya quiso conseguir “una manera nueva de
comunicación con el lector, sobre todo a nivel
de diálogos”, así se desprendió de todas
las acotaciones que le parecían “prescindibles”
del tipo “el viejo se estremeció y miro abajo” o
de estructuras como “.-ven aquí-. repuso él,
.- no voy -. insistió ella”.
El escritor tomó la idea del sistema de
subtitulado para sordos que el teletexto de
algunas cadenas incluye: “a la voz de cada
personaje le corresponde un color, para el libro
me encantó la idea de que el lector por el color
de la frase supiese qué personaje estaba
hablando, con esto se gana inmediatez, sencillez
y viveza, además eres más directo”. El
único referente con la utilización del color del
que tuviera referencia Migoya era el de ‘La
historia interminable’, un uso que servía para
diferenciar dos mundos. En su libro los tres
narradores tienen cada uno un color y cada
capítulo corresponde a un narrador, “los
adultos hablan todos en el mismo color, el negro”
un punto que quiso resaltar.