REPORTAJE
HERNÁN MIGOYA |
«Freddie Mercury y yo somos almas gemelas»
El autor de la polémica
‘Todas putas’ regresa con una historia para
adultos contada por tres niños, un giro más en
la carrera de este leonés curtido en el cómic.
«He querido escribir una novela que haga
suspirar y estremecerse»
BORJA CRESPO
Aún
perplejo ante el revuelo desatado por ‘Toda
putas’, su anterior novela, cuya polémica no se
esperaba «en absoluto», Hernán Migoya
(Ponferrada, 1971) regresa a las librerías con
‘Observamos como cae Octavio’ (Martínez Roca),
un sugestivo título «tomado del cuaderno de
ortografía de mi sobrinito» bajo el cual se
esconde una historia sobre el descubrimiento de
la vida protagonizada por tres niños. El nuevo
libro de ficción está publicado en varios
colores, cada uno de los cuales indica un
personaje. Migoya responde perfectamente al
adjetivo de hombre renacentista. Tiene un diario
en Internet (www.hernanmigoya.com), ha
guionizado varios cómics (‘El hombre con miedo’,
‘Kung Fu Kiyo’, ‘Arsesino’, ‘Ari’), ha firmado
algún libro teórico sobre cultura pop
(‘¡Desnudas!’), ha escrito compulsivamente en
revistas sólo para supervivientes (‘El Víbora’,
‘Ojalatemueras’), un par de biografías oscuras
(‘Charles Williams, la tormenta y la calma’, y
la vida de la stripper Chiqui Martí en ‘Piel de
ángel’) y varios guiones cinematográficos,
además de dirigir dos cortometrajes.
-Empezaste
escribiendo en fanzines.
-Era lo que tenía más a
mano. Publicando en fanzines empecé a construir
cierta autoconfianza. Hasta los 14 años, en que
decidí ser guionista de cómics, siempre había
tenido claro que quería ser escritor. Y desde
siempre mi objetivo último era escribir ficción
literaria. Pero creo que lo que tienes que hacer
cuando escribes es enseñarlo, mostrarlo al
público o a los profesionales del sector. Por
fanzines, por Internet, por paquete postal a las
editoriales, como sea.
-Fuiste redactor-jefe
en la extinta revista ‘El Víbora’.
-Sí, una gran época de
mi vida. Todos mis compañeros me trataron muy
bien y pude conocer a gente muy interesante. No
creo que haya personalidades tan fascinantes y
poco reconocidas como los autores de cómic. Eso
sí es amor al arte.
-Para definirte
sueles citar una famosa frase de Freddie
Mercury: «Soy una puta del rock». ¿Cómo nos
tomamos semejante afirmación?
-Tal cual. Freddie
Mercury y yo somos almas gemelas, es mi guía
espiritual. Hay autores que tienen un altísimo
concepto de sí mismos y reclaman respeto
absoluto hacia su proceso creativo y sus obras.
Yo no soy de ésos. Me desprecio continuamente y,
cuando creo, me abro el vientre y enseño las
vísceras, me vendo barato como una prostituta.
Ése soy yo.
-Se anuncia tu
primera novela como «lo que nunca esperarías del
autor de ‘Todas putas’».
-Sí, y yo hubiese
añadido «…si no has leído ‘Todas putas’». La
gente tiene una opinión muy distorsionada de ese
libro. Se entendió mal. Mi nuevo trabajo no
tiene el envoltorio de aquél, ni un título tan
agresivo, pero mantiene mis constantes: la
mezcla de emoción y crueldad sigue ahí.
-En la contraportada
te definen como un cruce entre Stephen King y
Milan Kundera. ¿Cómo se come eso?
-En la editorial me
preguntaron con qué escritores quería que me
compararan y, claro, no iba a poner ninguno
malo. Por suerte, ni Shakespeare ni Faulkner me
obsesionan, si no todo el mundo se me echaría
encima. De todas formas, escogí dos referencias
que tuvieran que ver conscientemente con el
contenido del libro.
«Yo me vendo»
-Es parte del
marketing?
-Es parte de mi
personalidad: soy un ‘tocapelotas’, tanto en
privado como en público. No quiero presentar
ningún concurso de TV ni ser polemista en un
programa basura, a no ser que no me censuren.
Cuando el caso de ‘Todas putas’, me llamaban de
la tele para participar en debates defendiendo
que las mujeres son inferiores al hombre.
Siempre los mandé a la mierda. Yo me vendo, pero
siempre que siga siendo yo.
-Cuéntanos de qué va
tu nuevo libro.
-‘Observamos cómo cae
Octavio’ es una historia para adultos contada
por sus protagonistas, tres niños: Tete, de ocho
años; su hermano Nanín, de cuatro; y una niña,
Mina, de nueve. La vida de los tres confluye de
manera bastante dramática. La atmósfera es de
cuento de terror, pero en realidad los tres
están entrando sin darse cuenta en el mundo de
los adultos. La función del lector es descubrir
qué le revela la visión incompleta que los niños
le ofrecen: el lector tiene que sacar sus
propias conclusiones y decidir si en su niñez
también le ocurrió algo semejante. Todos
perdimos la inocencia alguna vez. He querido
crear una historia bonita, que se recuerde más
que su autor. Quise escribir una novela como ‘La
princesa prometida’, que haga suspirar y
estremecerse.
-Lo de utilizar
tintas de colores recuerda a ‘La historia
interminable’.
-Sí, es el único
referente que yo tengo. Pero en el clásico de
Michael Ende, el color sólamente se aplica para
diferenciar el mundo de la fantasía del de la
supuesta realidad. En mi caso, he utilizado toda
una gama de colores para diferenciar no sólo a
los tres narradores -cuatro, si me cuento a mí-,
sino también a todos los personajes, incluidos
sus diálogos: cuando alguien habla en el libro,
lo reconocemos por el color.
-Sueles presumir de
frívolo. ¿Escribes para ligar?
-La frivolidad es el
refugio de los sentimentales con cabeza. Hay que
haber estado muy abajo en la vida y haberte
sentido muy miserable para saber disfrutar de la
frivolidad. Y respecto a tu pregunta, no. He
ligado mucho con todo tipo de actividades
estrafalarias y, si quisiera ligar más, me
dedicaría a dirigir.
-Precisamente,
preparas una película.
-Ya he empezado la
preproducción de ‘Soy un pelele’, una comedia
alocada sobre un tipo que pierde la memoria y se
olvida de que es gay, hecho que aprovecha una
amiga que está enamorada de él para hacerle
creer que viven un romance.