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LIBRO DE RELATOS
Hernán Migoya y su provocación publicitaria en narrativa
Escribe bien y podría escribir mejor desde su posición en la literatura entre negra y pop, pero juega a la provocación de títulos y portadas en sus libros desactivando su arte de contar.


Hechos de Hoy / Julia Sáez-Angulo | 25/1/2007

 
Escribe bien y podría escribir mejor desde su posición en la literatura entre negra y pop, pero juega a la provocación de títulos y portadas en sus libros desactivando en imagen su arte de contar.
 
Da rienda a sus obsesiones freudianas, una mezcla de enfant terrible, infantilismo irresponsable y nihilismo de escaparate. Ante su libro Putas es poco Migoya se confiesa romántico por tener una visión desencantada del mundo, pero no se para en barreras al titular con desprecio y poner en su portada a una mujer, pin up con un ojo morado (él posó travestido).

Lo mismo que en éste, hizo en su anterior libro de relatos románticos titulado Todas putas, que convocó la polémica. Quizás Migoya no se ha enterado de la afirmación de André Bretón de que el escándalo ha muerto, aunque haya un eco mínimo de gente sensible que le sirve en bandeja la polémica; quizás la que debe endurecer su sensibilidad leyendo sus textos. Los italianos, pueblo sabio, tienen un dicho: "No juegues con lo santo sin con los soldaditos de plomo", máxime cuando hay sangre por medio.

Hernán Migoya (Ponferrada, 1971) se confiesa que seria más violento si no tuviera la escritura como tabla de salvación. La escritura le calma y le centra en el sistema, pero ahí quedan sus polémicos títulos y portadas que reflejan una misoginia encubierta o un arte de llamada publicitaria ante el colectivo que más lee, el de las mujeres. El libro lo presentó Javier Ponce, editor de Martínez Roca y en el acto estuvo presente el académico Antonio Muñoz Molina.

Poco le importa a Mingoya que el número de mujeres muerta al año por malos tratos sea superior al del terrorismo; el colectivo femenino aguanta golpes sobre sus costillas y sobre su rostro como muestra el ojo amoratado de la portada –una indignidad por parte del autor y la editorial. Más peligroso sería hacerlo con colectivos más activos como el islámico, el judío o el de emigrantes. Esto último además sería políticamente incorrecto, con lo que el autor correría serio peligro. Las mujeres aguantan mejor, aunque no tengamos sentido del humor para estas chanzas pseudo-románticas a la vista. Somos el sparring perfecto. ¡Ánimo!

La mujeres motivo de vida y obra

"Las mujeres son motivo de mi vida y de mi obra", alegó Migoya. Toda la excusa de Migoya es que hay mujeres a las que les gusta que les pegues, le va la marcha y hay que darles caña. Lo patológico de lo particular lo toma como una premisa general y todos tan sonrientes y contentos. "Puta y feliz. Me pegan y me gusta. No hay que imponer otras mentiras. Hay demasiada sutileza en una relación de pareja", alegó el autor en la presentación de tono ambiguo y confuso entre serio y ligero.

Más acertado estuvo Migoya cuando habló de su preferencia del relato sobre la novela, de sus lecturas de Milan Kundera y sobre todo sobre los autores de la novela negra como Dashiel Hammet o Himes entre otros. "Me gusta lo afilado que puede ser un relato cuando avanza directo como el rebote de un canto en la tierra, algo que es más difícil de conseguir en la novela donde casi siempre se encuentra un relleno".

Hernán Migoya reside en Barcelona y es guionista de comics. Como guionista de cine ha escrito la película Escalofrío, de Isidro Ortiz.