
HERNÁN
MIGOYA........................................................................................
Un
regreso con rencor
En
2003, su libro de relatos 'Todas putas' casi
le costó el Ministerio de Trabajo y Asuntos
Sociales a Zaplana, que acabó alabando su
retirada del mercado. Ahora, vuelve con una
segunda parte y, para que quede claro que
aquella polémica le provocó "mucho asco", lo
titula 'Putas es poco'
Año 2003. Se
publica el libro de relatos 'Todas putas'. 100%
material de ficción. Uno de los cuentos está
protagonizado por un violador que se enorgullece
de serlo. La obra pasa desapercibida pero, poco
después, su editora, Miriam Tey, es nombrada
directora del Instituto de la Mujer... 'Todas
putas' se convierte en el talón de Aquiles del
Gobierno del PP y todo el mundo parece olvidarse
de que se trata de un libro de ficción. La
oposición socialista exige la destitución de Tey
por haber editado "un libro denigrante para la
mujer, que hace apología de la violación", la
Red de Organizaciones Feministas contra la
Violencia de Género pide la dimisión del
entonces ministro de Asuntos Sociales, Eduardo
Zaplana, se amenaza al autor con encausamientos
criminales y hasta se clama por la prohibición
del libro. La presión es tal que la editorial lo
retira del mercado en una decisión alabada,
paradójicamente, hasta por el propio Zaplana.
"Vivimos en un país donde el cómic satírico
'Hitler SS' está prohibido pero se puede
adquirir 'Mi lucha', de Hitler. Yo me compré una
edición de un conocido nazi en El Corte Inglés;
posibilidad que me parece cojonuda, ojo, sólo
constato lo ridículo de esa paradoja", reflexina
su autor, Hernán Migoya, cuatro años después de
aquel revuelo. Ahora, ha vuelto con una nueva
colección de relatos siguiendo la estela, en
temática y estilo, del 'Todas putas'. Y, por si
había alguna duda de que aquella polémica le
provocó, "primero mucho miedo; luego mucho
asco", se toma la revancha y lo titula 'Putas es
poco'. Sin embargo, las reacciones esta vez le
han permitido, "por fin, sentirme comprendido".
(Por cierto, 'Todas putas' puede comprarse hoy
en cualquier librería por 14 euros. Incluso
existe una edición de bolsillo por 6,50)
¿Cuál dirías que es el nexo de unión que da
coherencia a 'Putas es poco' como colección de
relatos?
Si 'Todas putas' trataba sobre el desamor o de
experiencias sexo-sentimentales que dejaban un
amargo sabor de boca, 'Putas es poco' trata
sobre el post-desamor: la soledad que queda
luego y que en la madurez te lleva a tener que
elegir entre la autodestrucción o el
conformismo. Esa decisión, que nos vemos
obligados a tomar con rabia, es la que provoca
la expresión airada del título: "¡Cagoendiós, me
habéis/he jodido la vida con vuestra/nuestra
hipocresía y encima pretendéis que sonría!".
Te sigues decantando por el relato, ¿lo
prefieres a la novela?
Sí, es simple cuestión de temperamento. Un día
algo me engancha por dentro y elucubro en trance
hasta sentirme listo para sentarme: y ahí lo
vomito todo. El cuento es ideal para ese método.
Lo de aplicar una rutina diaria durante meses me
cuesta mucho: antes de sentarme tengo que tener
lo que escribo ya en la cabeza.
En tus relatos, se exploran algunos
rincones oscuros de los hombres: violencia,
crueldad...
Yo soy incapaz de hacerle daño a nadie, pero
tengo que desahogarme. Así que mato en mis
obras, para no ir a la cárcel. Hablo de la
hipocresía, de la incoherencia que soporta todo
individuo decidido a vivir en sociedad y que
intenta conciliar pulsiones que le vencen o, en
el peor de los casos, que domina. Si son
rincones oscuros, son los míos. De hecho, para
mí buscar sexo no es patético. Y lo mismo con la
violencia: es una necesidad. No tenía conciencia
de que eran rasgos tan oscuros. O igual es que
los escritores de ahora viven poco y se asustan
de todo. O son mejores personas que yo.
¿Estás de acuerdo en lo de que el arte
debe ser amoral?
Sí, porque la única obligación que debe cumplir
es ser libre de la sociedad que lo genera, e
incluso del artista. Debe aspirar a surgir libre
de premeditaciones. Y de intenciones morales, en
un sentido u otro. Ojo: si yo describo un acto
de sexo con una menor, debo hacerlo sin
escandalizarme o subrayarlo como narrador,
porque ese posicionamiento premeditado delataría
de qué sociedad provengo, una que ahora demoniza
el sexo con menores.
Como lector y espectador, ¿crees que en
ficción todo vale?
No pondría ningún límite. Me interesa más el
arte que las muertes que pueda provocar.
¿Qué piensas del feminismo?, ¿y de la nueva Ley
de Igualdad recién aprobada?
Yo no discrimino a la mujer con respecto del
hombre: los dos me parecen igual de
despreciables. Respeto a las feministas, porque
al menos ellas parecen sinceramente convencidas
de las gilipolleces que dicen. La paridad es
conseguir la igualdad de derechos de facto por
el camino equivocado: marginando a la gente por
su sexo. Queremos que las mujeres sean iguales,
entonces les otorgamos unos privilegios para que
lo consigan: les regalamos puestos en el
Parlamento como si les abriéramos la puerta para
que pasaran, como galantes protectores: "Usted
primero, señorita". Un hombre sigue siendo sólo
un hombre; pero una mujer es representante de
todo un género y, por tanto, intocable. Incluso
desde el arte.
¿Qué fue lo que más te sorprendió de la
polémica de 'Todas putas'?
Lo peor fue ver a otros escritores justificando
la prohibición del libro. ¡Escritores atacando
la libertad de creación! Luego comprendí que lo
hicieron siguiendo las instrucciones de los
medios donde trabajaban. Justo al revés de los
que sí me defendieron: lo hicieron incluso en
contra de las consignas de medios donde
escribían. Debo mi pequeña victoria a Elvira
Lindo, Antonio Muñoz Molina, Mario Vargas Llosa,
Quim Monzó… Nunca les estaré suficientemente
agradecido.
A toro pasado, ¿no crees que te
benefició? ¿qué quizá 'Putas es poco' no habría
sido posible sin aquello?
Naturalmente, me benefició. Vendo veinte veces
más que si no hubiera pasado y gozo de un
estatus mayor que casi todos los escritores de
mi generación. El título 'Putas es poco' también
lo elegí porque sabía que la prensa se lanzaría
a hablar del libro. Y ha funcionado. Qué
curioso, ¿no? Texto de Germán Castañeda.
Fotografía de David Campos.
'Putas es
poco', de Hernán Migoya, está editado por
Martínez Roca. Tiene 284 páginas y cuesta 18
euros.
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germán castañeda
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